La relación entre la inteligencia y la longevidad

La inteligencia es la cualidad más admirada en nuestra sociedad; al menos, es la que está bien visto admirar (las personas no admiten que lo que más admiran es el poder o el dinero, por ejemplo). Y ciertamente hay algunas razones científicas para apreciar la inteligencia, entre ellas, el hecho de que la inteligencia parece influir tanto en cómo envejecemos a nivel físico como también en cómo percibimos esa edad, una percepción que está a la vez ligada a la buena salud. Sentirse joven es ser sano.

Un artículo publicado por The British Psychologist Society sugiere que las personas que son más inteligentes envejecen más lento. Diversos estudios han demostrado que la llamada “edad subjetiva” se correlaciona con diferentes enfermedades. Recientemente se descubrió que entre más inteligente se es a los 20 años, más jóvenes se sienten las personas a los 70, algo que -como mencionamos- no es menor.

A partir de esto se descubrió, además, que los individuos que se sienten jóvenes están -lógicamente- más abiertos a nuevas experiencias, lo cual a su vez está relacionado con la salud mental. En otro estudio se encontró una relación entre el IQ y la longitud de la telomerasa celular, un indicador de envejecimiento. En suma, parece que la inteligencia puede mejorar la salud.

Claro que esto es solamente una norma estadística y para muchas personas la inteligencia, cuando no esta acompañada por un buen manejo emocional y demás, puede resultar en una actitud que orilla a situaciones de alienación. Y si bien sentirse jóvenes ayuda a ser más sanos, sentirse solos contribuye a estar enfermos. En un famoso estudio de Harvard de hace algunos años se halló que el principal factor asociado con la felicidad y la longevidad no era la inteligencia sino tener relaciones íntimas, es decir, tener amigos y familia. Así que, ciertamente, la inteligencia no es todo en la vida.

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